No me preguntes por qué, aquí me tienes. Un día más en el paraiso.
Ultimamente siento mucho odio. Odio hacia mis manos por no poder abarcar todo lo que quiero; odio hacia mis ojos por no poder mirar otros; odio hacia mis lágrimas por salir a pasear; odio hacia mi sonrisa por ponerse a bailar. Ya basta.
Parece una jodida broma, soy un cócktel de sentimientos listo para explotar. Ahora estoy contenta, ahora me da por odiar, ahora te echo de menos y luego ni siquiera te querré hablar. No sé ni por qué siento lo que siento, no sé cómo he llegado a esto. Un punto de no retorno en el bucle que parece ser mi vida. Una puerta cerrada de la cual no tengo la llave. Quiero cruzar, pero no llego. No alcanzo. Salto y salto, y sueño con saltar más alto, pero no puedo llegar. En cada salto pierdo un poquito de fe, pero cada vez que sueño que estoy más alto, la recupero fortalecida.
Me autodestruyo. Me inflijo dolor para disfrutar con la cura. Yonki del dolor. Del sufrir. Del llorar. Yonki de la mierda.
¿Qué? No lo sé. ¿Para qué? Tampoco. Solo sé que lo que quiero no lo tengo y lo que tengo no lo quiero.
Hasta otra, hasta siempre.
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