sábado, 4 de mayo de 2013

Cómo saber si son buenos días.



Despiertas, le buscas, no está. Era todo un sueño, otro día más. Encuentras tu peluche, lo abrazas. Tiene que estar cansado de recibir abrazos que no tienen su nombre, que no son para él. Abres los ojos, oriéntate. El móvil. Necesito saber de él. ¿Me habrá dado los buenos días? ¿Estará despierto ya?

Con un ojo apenas abierto, desbloqueas el móvil. Tres mensajes. "Por favor, que sea él. Por favor". Esas tristes líneas en una pantalla de 8x16 que aportan tanto sin ser apenas nada. Datos, colores, información. Te aportan algo más, sentimientos.

Sí, es él. Sonríes antes incluso de leerlo. Vamos a ver qué ha puesto. —"Buenos días amor. Espero que hayas dormido bien"— Todo adornado con corazones. Qué tierno. Cierras los ojos. No sabes si duele o te gusta, no sabes si sufres o disfrutas. Es duro. Tengo que responder. Me salen solas las palabras. Espera, borra eso, que deja ver que le quieres demasiado, tienes que hacerte la dura. Hmm, muy soso, añade un corazón. Listo.

Ojalá estuviera allí para ver si he conseguido hacerle sonreír. Qué triste. Para él soy solo palabras, mientras en realidad estoy aquí, tirada en la cama abrazando un peluche que en cuanto cierro los ojos coge su forma. Pero un peluche no sabe devolver un abrazo. Y unas líneas no son sólo palabras. Y estas letras no sirven para nada.

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